Ah, Dolente Amore. Madrigales de amor y desamor

Cuando en la historia de las artes se establece un nuevo orden inevitablemente se producen a la vez una serie de movimientos que afectan, no solo a la estética, sino a las más profundas convicciones y sentimientos de quienes asisten a la renovación que se les propone. Ante las obras de Monteverdi (1567-1643), o Carlo Gesualdo (c.1561-1613), muchos de sus coetáneos quedaron aterrorizados. La novedad aportada por estos autores consistía en una “Nueva Práctica” con unas nuevas ideas sobre consonancias y disonancias, calificadas por algunos (G. M. Artusi, ex alumno de Zarlino) como “ásperas y poco agradables al oído”. Aquellas “deformaciones de la naturaleza”, sin embargo, han terminado por convertirse en una fuente de disfrute indiscutible.

Respecto a Carlo Gesualdo, príncipe de Venosa, este año se celebra año el cuarto centenario de su fallecimiento. Su complicada vida, que pasa incluso por un crimen pasional, ha rodeado a la figura del músico de las más peregrinas elucubraciones. Ciñéndonos a su música hay que señalar que en él se pueden observar de forma paradigmática las características de esta nueva música moderna, especialmente en el tratamiento de las disonancias y el cromatismo. Ambos aspectos están magistralmente al servicio de la expresividad de la música y muy especialmente del texto.

Es la idea de la música al servicio de la palabra lo que compone el núcleo del cambio que se opera en la música occidental en esta época. Hasta el momento primaba el artificio del contrapunto, la polifonía. Poco a poco los compositores fueron observando que era imposible expresar bien un texto y sus “afectos” cuando intervenían, por ejemplo, cuatro voces cruzadas y con los textos superpuestos. El paso propuesto por Monteverdi, Gesualdo, Lasso y otros consistió en destacar de tal forma la palabra que se polarizase su exposición a una voz, de forma que las otras quedasen como acompañamiento, sin interferir en el entendimiento del texto. Si a esto se añade la construcción de la frase, los silencios y la incipiente aparición en la partitura de los tempi y las expresiones de carácter, nos colocamos prácticamente a las puertas del Barroco.

En los madrigales que forman este programa se canta al amor, a la vida, a la naturaleza; se reflexiona sobre la muerte y lo efímero de la mano de poetas de extraordinaria excelencia: Petrarca, cuyo Canzoniere, aunque muy anterior fue paradigmático en esta época, Garcilaso, Tasso. El oyente no tiene más que dejarse embaucar por la música y permitir que ella le transporte al mundo de los afectos.

Ah, Dolente Amore · Madrigales de amor y desamor

Programa

Occhi piangete – Orlando di Lasso (1532-1594), Petrarca, 1555
De los álamos vengo, Madre – Juan Vásquez (c.1500-c.1560), Vásquez, 1560
Si brev’el tempo – Mateo Flecha, el Joven (1530-1604), Petrarca,1568
Ardo, si ma non t’amo – Orlando di Lasso, Tasso, 1585
Hor vi riconfortate – Orlando di Lasso, Petrarca, 1585
En tanto que de rosa y azucena – Francisco Guerrero, Garcilaso de la Vega, 1589
S’andasse amor a caccia – Claudio Monteverdi, Tasso, 1590
Che fai meco – Carlo Gesualdo (c.1561-1613), 1596
Mentre gira coste – Carlo Gesualdo, 1596
Sì, ch’io vorrei morire – Claudio Monteverdi (1567-1643), Moro, 1603
Piagn’e e sospira – Claudio Monteverdi, Tasso, 1603
Ah, dolente partita – Claudio Monteverdi, Guarini, 1603
S’io non miro – Carlo Gesualdo, 1611
Moro, lasso, al mio duolo – Carlo Gesualdo, 1613

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